
He venido para ser el surco,
Donde siembres tus semillas
Y nazcan los frutos de tu alma.
Para que adores la vida
Y sueñes con el verde de la esperanza.
He venido para salpicarte
Con la espuma de la amistad
Y abrazarte en tus mareas bajas,
Quiero ser el retazo que remiende
Tus heridas y el hilo con que tú las hilvanas.
Lluvia fresca que empape tu furia
Y el agua dulce que te calma
La palabra de amor que de la soledad te arrebate.
Estoy aquí, para enjugar tu llanto
Cuando brote de tus ojos,
Con mis manos blancas.
He venido para cerrar la puerta
De tu derrota y dejar que brille
La luz de tu victoria.
Ignacia Ramos.
Esperanza
La primigenia oscuridad
Por no sé que encanto, arte o divinidad
Se hizo luz, agua, sendero desandado
Aire, rocío, arena, mar de amores.
La luz traspasó el líquido elemento
Formando un prisma luminoso, irisado,
El viento lo transporto
Por bosques inacabados
Entre jirones de niebla, desesperados ojos
Agarrotadas manos,
que atraparon el color –casi de soslayo-.
La humanidad se puso en marcha… …
Siempre delante, siempre ambicionando
El brillo de oro, la mujer de su hermano.
Y cuando al fin la diáspora del color
Se una, estando todos mezclados
De nuevo, la oscuridad esperando
Ese sendero de luz para proseguir andando.
María Jesús Zaldívar